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Historias productivas Transformación ganadera: cambio de hábito en la cuenca del Salado

Con dos pariciones, la intensificación y el doble de carga animal por hectárea, el médico veterinario Leandro Abdelhadi modificó la forma de producir en la principal región de cría.

En una zona como la cuenca deprimida del Salado, donde el 70% de los planteos ganaderos siguen siendo en base a campos naturales, la propuesta de los Abdelhadi luce innovadora, desafiante y trascendental. Campos naturales fertilizados, praderas con promociones de raigrás, verdeos de invierno y verano, y sorgo, son los “insumos” que permiten duplicar la carga por hectárea de la zona logrando un 92% de preñez y un 85% de destete.

“No se pone a la ganadería el mismo enfoque de eficiencia con el que se afronta la agricultura, por eso creo que todavía tiene mucho por expresar, aunque muchas veces el contexto no ayude porque las vacas consumen dólares y producen pesos”, disparó el médico veterinario especialista en nutrición Leandro Abdelhadi, asesor de establecimientos ganaderos y tambos en Argentina y el mundo (De Estados Unidos a Chile y en Europa). También administra el negocio familiar de la firma Al Qadar (significa “El Destino” en árabe –su abuelo emigró desde El Líbano en 1903, su abuela de Siria).

El padre de Leandro, Omar, se compró su primer campo cerca de Brandsen con la venta de ropa –negocio que legó de su padre- y lo que ganaba como empleado en una fábrica de autos. Otros tiempos. “Estamos en noroeste del triángulo que forma la cuenca deprimida del Salado con vértices en Brandsen, al norte, General Lamadrid, al suroeste, y Mar del Plata, sureste”, contó. La cuenca tiene 8 millones de hectáreas y con 11 millones de vacas es la zona de cría por excelencia de la Argentina.

“El 70% de la región sigue siendo campo natural, nosotros hacemos algo mucho más intensivo”, explicó Abdelhadi. El área del campo es de 463 hectáreas de las cuales 385 son útiles. El rodeo es de 595 vacas, 150 vaquillonas es recría y 12 toros. El objetivo es alcanzar 1.000 animales (800 vacas y 200 vaquillonas) pero las dificultades climáticas de los últimos años están complicando ese salto.

Un 22% del área útil es campo natural bueno, donde hacen un manejo con fertilización para potenciar las especies como lotus y pasto miel en verano y raigrás anual, también trébol blanco en invierno. “Con un manejo de pastoreos rotativos a partir de alambrados eléctricos logramos que ese campo natural produzca casi lo mismo que una pradera”, resaltó el médico veterinario.

Un 43% de la superficie son praderas, de las cuales, un 13% tienen raigrás de promoción. “Aprovechamos una época con buenas precipitaciones que permiten que ese banco de semillas se active y en abril ya es un raigrás de 30-40 centímetros”. Este recurso se aprovecha hasta noviembre y funciona también como un verdeo sembrado.

En otro 10% de la superficie rotan verdeos de verano con verdeos de invierno. Pero con la particularidad de que se hace un continuado, no hay que parar el lote. “Sembramos el sorgo y después del primer pastoreo incorporamos el raigrás con una fertilizadora al voleo, entonces, a partir del segundo pastoreo, cuando recibe luz en febrero, el banco de semillas se activa y empieza a crecer el raigrás abajo del sorgo”, contó. Y agregó: “A fines de abril ya tenes en el lote, tanto sorgo como raigrás, en mayo con las primeras heladas el sorgo muere y da lugar a que se fortalezca el raigrás”.

También tienen un 7% de superficie de sorgo para uso diferido o silaje. El silaje lo hacen para categorías de recría, y el sorgo diferido para sostener vacas preñadas en invierno.

Los pastoreos rotativos controlados les permiten manejar un 30% más de carga con el mismo recurso. “Evita la selección de especies que hace el animal en pastoreo continuo, permitís que el recurso descanse y vuelva a producir y, finalmente, al manejar los animales en parcelas se logra un bosteo concentrado que deja una fertilidad más pareja”, explicó.

“Con este manejo duplicamos la carga por hectárea promedio de la zona, que es de 0,7 vacas, mientras que nosotros tenemos 1,5 vacas pero además 0,4 vaquillonas en recría”, destacó. En kilos de carne, entre todas las categorías, la carga es de 960 por hectárea.

Otra particularidad del planteo que hacen en “El Encuentro” son las dos pariciones estacionadas. Tradicionalmente, en la zona la vaca entra en servicio en primavera (octubre-noviembre) y tiene partos a finales del invierno haciendo coincidir el momento de mayor requerimiento de la vaca, que es cuando tiene el ternero al pie y tiene que volver a preñarse, con la mayor oferta que da el campo a partir de primavera. “En un planteo como el nuestro producimos mucho más pasto en otoño-invierno-primavera que en verano”, explicó el productor. Por eso decidieron que más del 60% del rodeo tenga servicio de invierno y parición de otoño.

Además, tienen otro beneficio. “La raza angus con la que trabajamos no tolera los calores extremos que se vienen dando, por eso, en general, estamos teniendo mejores índices de preñez con el servicio de invierno que es de 75 días (15 junio al 31 agosto) que con el servicio de primavera-verano que se extiende de 90 días (noviembre a enero)”, resumió el veterinario.

En promedio están en torno al 92% de preñez (93,5 parición de otoño y 90% parición invierno-primavera). Y los últimos años logran un 85% de destete. “La principal amenaza con la que estamos lidiando es la diarrea de los terneros”, justificó.

Como frutilla del postre, los destetes de noviembre-diciembre se venden mejor. “Logramos un 15% más que con los destetes tradicionales de abril”, contó Abdelhadi. Y además, amortizan mejor los toros que se usan para los dos servicios “lo que permite invertir en mayor potencial genético”.

En la zafra de primavera que terminó en diciembre el macho salió con un promedio de 193 kilos y la hembra, con 181 kilos. La ternera destetada en noviembre va a recibir servicio con el rodeo de primavera en noviembre de 2019, con 19 meses de edad. Mientras que la ternera destetada en abril va a recibir servicio en junio 2019 con el rodeo de vacas de parición de otoño, a los 22-24 meses de edad.

“Con el destete de un rodeo incrementó el número de animales del otro y viceversa, logrando que las vaquillonas entren a servicio con una edad ni tan baja (15 meses) ni tan alta (27 meses) como ocurre cuando tenés un solo servicio”, resumió.

Pensando en el futuro, en estar más tranquilos ante cualquier desajuste climático, hace poco incorporaron infraestructura para aumentar la capacidad de acopio de granos, por si hay que racionar. “Nuestro desafío es poder llegar a un sistema para que del campo nuestro no salga un ternero de 190 kilos sino un novillito de 300 con destino a un feedlot de exportación”, se entusiasmó Abdelhadi. Claro, ellos ya hicieron novillos Hilton pesados pero cuando en 2008 tuvieron 1000 animales para vender cerraron la exportación.

Como cierre, un mensaje para toda la cadena que llega a la góndola: “Si el mercado exportador tracciona nosotros vamos a vender a mejor precio y la gente en el mostrador va a poder comprar más barato, así la ecuación cierra para todos”. 

Calor y humedad, un combo que complica al rodeo vacuno

“Los animales pueden sufrir de estrés calórico sin necesidad de tener altísimas temperaturas, porque la humedad también juega un rol importante”, disparó, a modo de advertencia y consejo el veterinario, asesor y criador Leandro Abdelhadi. Y agregó: “Con 90% de humedad y 27 grados el animal ya está afectado”.

Uno de los aspectos importantes es que en región pampeana se usan razas como angus o hereford que no están adaptadas a condiciones de mucho calor. “El clima está tornándose cada vez más subtropical húmedo lo que hace que a partir de noviembre los animales buscan la sombra y el agua y, en los planteos extensivos, comen menos”, indicó.

Abdelhadi recordó como ejemplo la experiencia que tuvo cuando engordaban animales para exportación. “Una parte del rodeo era brangus o braford que traíamos recriado de Corrientes y otros eran angus de región pampeana, los del norte eran las 11 de la mañana y seguían pastoreando, los angus a las 7 de la mañana ya estaban todos metidos en la sombra del monte”, contó.

Además de la sombra, el agua juega un rol fundamental. El veterinario recomienda tener buenos reservorios, con caños de tres pulgadas y aguadas no tan grandes pero con buen recambio. “¿Usted qué prefiere en pleno verano? ¿Un vaso de agua tibia o uno fresco? Las vacas eligen igual que usted”, insistió. Incluso, no se trata de tener un tanque de gran diámetro, a veces, como lo que se calienta es el agua superficial, se puede pensar en tener un tanque más profundo.

Para los que trabajan con sorgos de pastoreo hay que tener cuidado que no se pase de altura porque “si los animales se meten en un paredón de sorgo el aire por ahí no corre”. También hay que cuidarse en los feedlots, donde en muchos casos hay animales gordos, con dietas hipercalóricas donde no puede descuidarse la sombra ni el abastecimiento de agua. “Más que los casos de mortandad que hubo, me preocupa más que las vacas que no se preñen y cuántos kilos se dejan de producir por día por situaciones de estrés calórico”, apuntó.

Fuente: Clarín

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