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La receta del productor que usa un método francés para tener una "fábrica" de carne en solo 120 h

Imaz junto a Encarnación,su mujer, detrás los novillos en la parcel

Imaz es sinónimo de campo. Ni bien nació, su padre se instaló en un campo familiar pegado al pueblo de Las Martinetas, a unos pocos kilómetros de La Madrid. Allí creció, trabajó y hasta domó caballos de polo. Con 23 años se casó con Encarnación y fue un momento para independizarse.

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Un día, hace más de 30 años, visitó a unos amigos en un campo en Huanguelén. Lo cautivó un manejo "bastante extravagante" que realizaba con la hacienda un familiar recién llegado de Francia , en donde había aprendido el método de rotación Voisin o pastoreo racional (PVR).

 El productor levanta el alambre para que los animales cambien de parcela El productor levanta el alambre para que los animales cambien de parcela
El PVR es una técnica de pastoreo productivo, creada por el francés André Voisin a mediados del siglo XX. Además de realizar una alimentación intensiva de los vacunos, se potencia la energía solar y brinda más utilidades a las pasturas. También se hace una producción orgánica y sustentable, llamada agroecológica.

"Lo miraba con cara de loco pero después decidí probar este método yo mismo", dijo Imaz, en diálogo con LA NACION.

Con esa idea, comenzó con un alquiler de unas pocas hectáreas detrás del campo de su padre, para en 1997 comprar, gracias a un crédito hipotecario, 142 hectáreas propias, "La Posta", para desarrollar el proyecto.

Al principio, la gente se mostraba reacia a enviarle hacienda a capitalizar. "'¡Engordás 900 animales en 100 hectáreas'! me decían, descreídos las personas a quienes les ofrecía el servicio", recordó. Agregó: "Acomodé los alambres, sembré 20 hectáreas de pasturas y comencé a implementar el sistema".

Los animales comen el lote de alfafa, al que recién llegaron Los animales comen el lote de alfafa, al que recién llegaron

Con los resultados a la vista, el campo del productor se pobló de hacienda. En paralelo, pagaba el crédito hipotecario, vivía y criaba a sus cuatro hijos.

"Estaba crujiente, más que seco (por la falta de plata) - dijo entre risas-. En un primer momento era a porcentaje pero me lo pagaban por mes para ir tirando, igual no importaba, porque el proyecto iba viento en popa". En 2002 terminó de pagar el crédito.

Hoy tiene 115 hectáreas con pasturas de alfalfa divididos en seis potreros más un potrero de 20 hectáreas de sorgo para rotación, usado como back up y emergencia. El productor engorda 750 animales, 11 por hectárea, con una ganancia promedio diaria de 800 gramos por animal.

La rutina de Imaz comienza a la seis de la mañana con unos mates en la cocina de su casa junto a Encarnación, para luego salir al campo.

Con una rotación del rodeo de cuatro veces por día, el primer cambio es a las siete. A las 12 del mediodía llega el segundo, a las 15 otro y el último a las 18 para tomar agua. La hacienda duerme en 1600 metros cuadrados para al otro día volver a empezar.

Junto a Encarnación, su mujer, en el casco de La Posta Junto a Encarnación, su mujer, en el casco de La Posta

El trabajo es de lunes a lunes. Las fiestas de fin de año "camperas" ya son un clásico. "Es como un tambo sin ordeñar, donde parte del éxito es que todos los días se respetan los horarios de los cambios de parcelas", remarcó.

Tiburzio insiste que, si bien uno no va a dormir en el lote, es importante estar presente. "Un día nació mi nieta en Daireaux y decidí ir a conocerla. Al muchacho que deje a cargo, unos animales saltaron el alambre y se pasaron a una parcela que a la que recién debían entrar en seis días. Esa vuelta se murieron tres novillos: por eso digo hay que estar al filo de la producción", contó. Agregó: "Soy meticuloso y perseverante para no tener sobresaltos con la alfalfa y el empaste".

Las cosas cambiaron, las satisfacciones son muchas. Cada día cuando ve a la hacienda en medio del potrero sobre "ese colchón verde" se siente reconfortado. Pero aún le quedan cosas en el tintero: "A mis 56 años todavía sueño con volver a domar caballos de polo".

Por: Mariana Reinke

Fuente: La Nacion

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